Viviendo en una sociedad de la información

El avance de las tecnologías ha facilitado al usuario un abanico de posibilidades para insertarse en el mundo de la información y las redes sociales. Sin embargo ¿A qué costo?
   
La mayoría de la gente posee un tipo de aparato electrónico en la actualidad, por ejemplo, hay que tomar en cuenta que en comparación a la población mundial hay más celulares que personas. Estas herramientas se vuelven útiles en la vida diaria y muchas veces necesarias. Para hacer uso de lo que es denominado como nuestro, debemos permitir dar nuestros datos o subyugarnos a que las mismas empresas puedan tomarlos, sino, se obtiene un pisapapeles caro. Del mismo modo esto se aplica en los servicios a los que podríamos optar.
  
La información es poder.

Aceptamos los términos y condiciones sin leerlos debido a su gran extensión y a que se buscamos inmediatez. “Si cada usuario tuviera que leer las políticas de privacidad en cada sitio web que visita, pasaría 25 días del año solo leyendo las políticas de privacidad” (Cobo, 2019:47). Del mismo modo se naturaliza esta práctica que va a la ignorancia del consumidor y aprovechamiento por parte de empresas que buscan recabar datos para su beneficio propio.
   
¿Pero para qué necesitan nuestros datos?  

Imaginemos que venden una base de datos con nuestra información. El comprador podría tener nuestro número de celular, carnet, dirección de vivienda, edad y sexo como mínimo. En el mejor de los casos con la venta de bases de datos no nos afecta directamente o simplemente las inteligencias artificiales recomendarían productos o servicios afines a la investigación que se ha hecho con respecto a un personaje. En el peor, están lucrando con la utilización de nuestra información y privacidad.

Por ejemplo, el informático Fernando Lagos denunció en Chile hace casi dos semanas la venta de datos que incluía contraseñas de AFPs , clave única y sitios estudiantiles universitarios. 

Si bien es gravísimo, Monica Bulger (investigadora principal del Future of Privacy Forum, USA),  postula con respecto a quienes pueden acceder a estas informaciones : "Grandes plataformas como Alphabet (Google), Facebook o Amazon controlan la recolección, venta y acceso a una gran cantidad de datos de una creciente población global. Esto genera distintas formas de desigualdad frente a la información (...) las compañías que se pueden permitir comprar estos datos y emplear personal y capacidades analíticas para su beneficio tendrán una ventaja frente a quienes no pueden ".(Cobo, 2019:132)

Insertándose al contexto Chileno, no hay leyes que permita la regularización de estos espacios virtuales-internacionales y garantice como mínimo el derecho humano a la vida privada. Jorge Jaraquemada , presidente del Consejo por la transparencia comenta "La recolección, uso y análisis de los datos personales es parte fundamental del funcionamiento de la sociedad actual. Esto repercute en que la ciudadanía se da cuenta de que sus datos son cada vez más solicitados e inevitablemente surge la preocupación por su buen o mal uso". Cabe destacar que según un estudio del CPLT, menos de un tercio de los chilenos lee las condiciones de privacidad cuando utiliza una aplicación o servicio por vía digital.

¿En donde quedamos?
  
Una de las posibles soluciones a este problema podría ser una ley como la que se encuentra en España, denominada "Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal", la cual fue instaurada el año 1999 y que garantiza la privacidad de la información y que en caso de ser quebrada las multas pueden llegar a los 300 mil euros o 237 millones de pesos. En este caso la ley se aplicaría tanto a empresas, agrupaciones o personas naturales que violen lo estipulado. Del mismo modo, esto se aplicaría en el caso de los hackers, como postula Martin Hilbert: "Si vendes fruta, algún día te van a robar manzanas. Si es ilegal, la policía va a intervenir. Hoy la policía también tiene que tener hackers y entender este tipo de crímenes digitales". (Cobo, 2019:140)

Otra posible solución sería la instauración de un organismo que pudiese velar por una pauta a respetar con respecto al qué tanta información se debiese obtener de una persona y al mismo tiempo sea consciente (o sea, se le informe) de las transacciones que la venta de información a ocurrir , además de atribuirle la facultad de poder intervenir y sancionar efectivamente. En este caso se está tramitando que el CPLT pueda resguardar lo anteriormente mencionado.

En conclusión, con lo que se llega con este análisis es que, sin embargo, como participantes activos de la sociedad debemos hacernos valer y entender que estamos facilitando nuestros datos y, como es postulado en el texto "Acepto las condiciones", somos agentes dobles desde el momento que queremos acceder. No es completamente culpa de los usuarios , sino de las empresas que buscan aprovecharse de la gente y cuando se pueda tener el poder , hacerlo ejercer y ser entes activos. 

Fuentes:

Cobo, Cristóbal (2019): Acepto las Condiciones: Usos y abusos de las tecnologías digitales, Fundación Santillana, Madrid. 
http://www.adnradio.cl/noticias/sociedad/desarrollador-denuncia-venta-de-bases-de-datos-del-gobierno-y-empresas-con-informacion-de-chilenos/20190514/nota/3902651.aspx 
https://otitelecom.org/telecomunicaciones/mundo-mas-celulares-humanos/
https://www.latercera.com/reportajes/noticia/se-los-datos-privados-los-chilenos/669843/
https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2015-09-14/asi-es-como-venden-tus-datos-personales-en-internet_1011071/
https://www.lopd-proteccion-datos.com/ley-proteccion-datos.ph

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